Hay sensaciones en la vida de cada ser humano que son únicas y por lo general son generadas por eventos sencillos pero de gran valor.Es curioso como vemos que la gente siempre anda buscando tener nuevas experiencias en los lugares menos indicados, por ser peligrosos o contraproducentes.
Estas experiencias que realmente valen la pena vivir son las mas sublimes y menos complicadas y durante esta Semana Santa pude disfrutar de una de ellas: Mi hijo menor Josué de apenas un año pudo dar sus primeros pasitos él solo sin ayuda de nadie, y la alegría de su rostro sólo se puede comparar con la alegría que yo sentía al verlo.
Es increíble como algo tan pequeño para la mayoría se vuelve un gran logro para un solo ser.
Y es que a pesar de que aún su coordinación necesita afinarse y luego de unos tres pasos tiende a perder el equilibrio y caer, él disfruta tanto esos pequeños pasos que no tarda en querer levantarse de nuevo y volverlo a intentar.
He aprendido tanto de mis hijos en estos dos años que tengo de ser papá, más que en el resto de mi vida.
Su fuerza, su alegría, sus ganas de vivir, su coraje, su empeño, su inocencia, la verdad me quedo corto con las palabras para describir las cualidades que tienen, sólo sé que Dios vive en ellos y espero que a través de ellos viva en mí y me dé aún más años para disfrutarlos de manera más egoísta.
Y bueno, modestamente que ellos me disfruten de la manera más provechosa para su vida.
Los amos mis bebés.