... así era su nombre, y como la frescura del rocío era su personalidad. Gran mujer, mentora, madre y líder, su presencia se hacía sentir y su mirada profunda y clara siempre mostraba una gran determinación. Ella siempre sabía lo que quería, y quería vivir, a pesar de que tuvo una gran vida, que la disfrutó al máximo e hizo que los que la conocían realmente lo supieran.A su paso deja un nieto que de seguro la extrañará, una gran familia que la adoptó como madre y que ahora y desde antes llora su ausencia.
Gracias por su apoyo, nunca olvidaré sus muchas y valiosas enseñanzas. Siempre agradeceré a Dios por permitirme conocerla y compartir un segundo de su vida.
Que Dios la guarde y le de paz a sus restos.
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